domingo, 13 de febrero de 2011

BATALLAS Y VICTORIAS: Conspiraciones y catástrofes naturales convertidas en motores de la transición




Año VIII
Número 70 – Febrero 2011


Fecha de publicación: 01/02/11 - Nota de tapa

Contraofensiva: legado capitalista de atraso y corrupción estructurales; osada operación estadounidense para aislar y golpear al gobierno revolucionario; oposición dispuesta a colaborar para que Washington intervenga en la política interna de Venezuela, todo coronado por los efectos devastadores de la sequía primero y las inundaciones después, han sido en realidad factores de aceleración de la Revolución. Cambios drásticos en la composición y los métodos de los diputados del Psuv, respuesta humana y política sin precedentes a los inundados, cambios económicos y el impetuoso reimpulso al Psuv, más un conjunto de leyes para avanzar en la transición al socialismo, mantienen la ofensiva de la Revolución y asestan duras derrotas a sus oponentes.

Foto Hugo Chávez ante la Asamblea Nacional. La estrategia de la oposición fracasó.

Una difícil batalla política se libró durante el primer mes de 2011. Fue ganada en silencio. Es probable que incluso los sectores más politizados e informados de América Latina siquiera hayan tomado nota del combate mismo y su trascendental resultado. El vencedor no se ocupó de mostrar su victoria. Empeñado en choques múltiples, en escenarios muy diversos, el gobierno venezolano desdeñó la posibilidad de mostrarle al mundo el fracaso de la embestida preparada por el Departamento de Estado y la oposición interna, imaginada por éstos como mazazo final a la Revolución Bolivariana.

Se trataba, nada menos, que de aplicarle a Venezuela la llamada “carta democrática” de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El primer paso fue una campaña global para convencer a Venezuela y al mundo de que Chávez había perdido la elección a la Asamblea Nacional del pasado 26 de septiembre, cuando el Psuv obtuvo 98 diputados, la oposición golpista sumada 65 y 2 el PPT, oficialista hasta un año antes. Que el partido de gobierno obtuviera esta comodísima mayoría absoluta no fue óbice para que el conjunto de la prensa comercial, de Alaska a la Patagonia, publicara grandes titulares y sesudos análisis para difundir “la derrota de Chávez”.

La oposición volvía al Parlamento después de cinco años de ausencia por voluntad propia, tras su fallido boicot a las elecciones de 2005. Y montó su estrategia sobre dos certezas:

- La reaparición de sus representantes –con un número considerable, pese a su neta condición minoritaria– podría ser presentada internamente y a la opinión pública mundial como debilitamiento del líder y comienzo de la declinación de la Revolución.

- Chávez no cejaría en su determinación de acelerar la marcha en la transición al socialismo y se apoyaría sin vacilar en la mayoría parlamentaria, antes y después del recambio que el 5 de enero daría paso a la nueva composición de la Asamblea.

Si se lograba instalar la idea de que la oposición había ganado las elecciones, la afirmación acentuada de la línea revolucionaria podía ser presentada como negación de la democracia. Chávez habría dado el tantas veces anunciado paso hacia la dictadura. La opinión pública mundial fue abrumada con la noción de que la situación económica venezolana estaba fuera de control, el poder se disgregaba y la población se volvía contra Chávez. La cadena CNN en español se superó a sí misma y acabó con el escaso valor periodístico que le restaba.

Conspiración y diplomacia

El segundo paso ocurrió el 17 de noviembre. En el mismísimo Capitolio de Washington ese día se reunió un grupo de personajes de siniestro prontuario para llevar a cabo un aquelarre titulado “Peligro en los Andes, amenazas a la democracia, los Derechos Humanos y la seguridad interamericana”. Sin rubor por darle crédito a tales personajes, entre los que sobresalían la congresista Ileana Ros-Lehtinen, el golpista ecuatoriano Lucio Gutiérrez y el dueño de Globovisión Guillermo Zuloaga, prófugo de la justicia venezolana por causas penales ajenas al periodismo, la prensa redobló la campaña de calumnia y manipulación contra la Revolución Bolivariana.

El tercero debía dar el remate. Antes y durante la instalación de la nueva Asamblea Nacional, se lanzó –siempre con el respaldo macizo de la prensa comercial en todo el mundo– el infundio de que las leyes habilitantes aprobadas por la AN conformaban una medida inconstitucional y antidemocrática. En una conferencia dictada en el Instituto Brookings el subsecretario de Estado para el hemisferio occidental, Arturo Valenzuela, sostuvo el 6 de enero que “los acontecimientos en Venezuela plantean serias preocupaciones (a raíz de) la delegación de autoridad legislativa al Ejecutivo”. Para aventar esa preocupación, dijo, “el gobierno del presidente Barack Obama busca maneras para implementar más eficientemente la salvaguarda de principios democráticos fundamentales”. Desde la secretaría general de la OEA, José Miguel Insulza tradujo la línea del Departamento de Estado. Acompañado por una delegación de la así llamada Mesa de Unidad Democrática (MUD), Insulza convocó al Consejo Permanente de la OEA para considerar una sanción a Venezuela, mientras Valenzuela partía hacia Buenos Aires y Santiago.

Todo falló. El Departamento de Estado no logró el respaldo necesario para aplicarle a Venezuela la “cláusula democrática”. Insulza se vio obligado a desdecirse; los viajeros venezolanos regresaron humillados y el subsecretario de Hillary Clinton debió reportar un fracaso sin atenuantes.

Combate parlamentario

Para ese momento ya estaba claro lo que ocurriría en la nueva Asamblea Nacional. Para sorpresa de tirios y troyanos, el Psuv propuso como presidente a Fernando Soto Rojas, hombre sin antecedentes parlamentarios, que carga un pasado de guerrillero y proviene del sector marxista más radical del chavismo. Como vicepresidentes de la AN el Psuv presentó a Aristóbulo Istúriz y Blanca Eeckhout, dos espadas filosas y bien templadas para la defensa de la Revolución. Después de la correspondiente discusión, la votación dio el resultado obvio: la oposición sumada no pudo evitar la designación esas autoridades para el Legislativo. La farsa de la victoria opositora comenzó a desinflarse, con el esperable efecto desmoralizante en sus filas. Quedó claro que el Psuv iba a la batalla y utilizaría el debate parlamentario como instrumento informativo y educativo, exponiendo ante la sociedad las posturas del conjunto opositor (la AN tiene su propio canal de televisión, de transmisión permanente y exclusiva, además del canal oficial VTV).

Cabe suponer, al analizar la conducta de la oposición, que esperaba una réplica tímida y desordenada a su embestida. Lejos de buscar una negociación, el Psuv actuó con los objetivos claros. Resuelto, frontal, organizado. La MUD quedó desconcertada, dividida, errática. Sólo pudo aunarse para cometer un acto parecido a un suicidio en público: enfrentar la candidatura de Istúriz con la figura de José Sánchez, alias Mazuco, un policía preso desde hace tres años acusado de tortura y asesinato. La pretensión de mostrarse como alternativa democrática, seria, responsable, quedó demolida por ellos mismos en la primera jornada.

Ensamble armónico

Muy lejos de debilitar o desdibujar el accionar oficial, el retorno de la derecha al Parlamento parece haber obrado como acicate para sacudir al Psuv y ponerlo en una nueva fase de su existencia. Se le vio actuar con objetivos claros, tan radicales como reclamaba la dramática coyuntura de los inundados y la acumulación de deficiencias y deformaciones reclamaba, con eficiente organicidad y, tal vez lo más importante, en una campaña no electoral, inserto en la franja más afectada del pueblo. Como una cosa no puede ir separada de la otra, respaldado y prolongado en su accionar por el Psuv, el Gobierno acometió la impostergable tarea de ordenar y eficientizar el trabajo productivo en los sectores recuperados o expropiados de la industria y el campo. Acaso por primera vez se pudo ver un ensamble armónico y eficiente entre el aparato del Estado, el Gobierno y el Partido, todo en concierto con las masas involucradas en cada caso. Chávez usó la Ley Habilitante –entre tantos ejemplos similares– para condonar las deudas de los productores agropecuarios afectados por la inundación. El impacto de tales medidas sobre el ánimo y la conciencia la sociedad ya es perceptible en el clima político venezolano.

Salto cualitativo

Quien haya presenciado una sesión de la nueva AN no tendrá duda: cada intento ofensivo de la oposición fue replicado con una andanada de discursos no sólo cargados de contenido, sino vibrantes y convocantes por su forma. Podría decirse que el espíritu revolucionario entró esta vez al hemiciclo con la certeza de que ése no es simplemente un ámbito más de la vieja política, cuyas reglas, formas y métodos se deben respetar, sino un espacio privilegiado para darle forma a la nueva. Los primeros pasos apuntados hacia la realización del concepto “pueblo legislador” ya están dados.

Con rápidas conclusiones, sectores de la oposición ya apelan al camino extraparlamentario. Un explosivo destruyó el pasado 8 de enero la sede del Instituto Nacional de Tierras (Inti), en Zulia. De inmediato se descubrió que en el acto terrorista estaba involucrado Carlos Alberto Soto, líder del partido de derecha Un Nuevo Tiempo; un incendio intencional en la estación Acarigua, Estado Portuguesa, interrumpió el 18 de enero el servicio de electricidad por algunas horas en seis Estados.

Una batalla más ganada por la Revolución Bolivariana. Otro gran fiasco para Washington y los suyos. La adversidad multiplicada tuvo como efecto paradojal un salto cualitativo en el arduo camino de la transición socialista.

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